Una ecuatoriana preserva cultura, artesanía y medicina ancestral en Madison
Madison, Wisconsin. — En medio del movimiento cultural del Festival Internacional de Madison, una historia de identidad y resiliencia destacó entre los puestos de artesanías y música del mundo. Se trata de Matilde, una mujer indígena quichua originaria de Otavalo, Ecuador, que desde hace casi 25 años vive en Wisconsin y trabaja para preservar sus raíces culturales en la comunidad.
Matilde pertenece al pueblo indígena otavaleño, reconocido internacionalmente por su tradición textil y su profunda conexión con la cultura andina. Nacida en el norte de Ecuador, creció rodeada por los paisajes de los Andes, cerca de montañas como Imbabura, Cotacachi y Cayambe, territorios que forman parte del corazón cultural de su comunidad.
Cuando llegó a Madison hace más de dos décadas, el panorama latino era muy diferente. “Cuando recién llegué casi no había latinos. Había muy pocos y casi todos se conocían”, recuerda.
Hoy, la ciudad refleja una comunidad mucho más diversa, con presencia de latinos de distintos países, lo que ha fortalecido la vida cultural y social de la región.
La lucha por la identidad
Matilde resume su historia en una frase sencilla pero poderosa: la lucha por la identidad. Para ella, migrar a Estados Unidos no significó dejar atrás su cultura. Por el contrario, su misión ha sido mantenerla viva, especialmente para las nuevas generaciones. Una de sus mayores prioridades ha sido enseñar a sus tres hijas el orgullo de sus raíces indígenas. Incluso en momentos importantes como sus graduaciones, ellas eligieron vestir la ropa tradicional otavaleña, un símbolo de identidad cultural.
“Es fácil llegar aquí y olvidarse de quién uno es. Pero yo siempre quise que mis hijas supieran de dónde vienen”, afirma.
Artesanía que viaja por el mundo
El pueblo de Otavalo es conocido por su tradición artesanal. Históricamente, sus habitantes han sido tejedores y comerciantes, llevando textiles y artesanías a diferentes países. Matilde continúa esa tradición en Madison, donde participa en festivales culturales y vende productos hechos a mano.
Sin embargo, reconoce que el trabajo artesanal enfrenta retos en la actualidad, especialmente frente a productos industriales más baratos. “Algo hecho a mano no puede competir con algo fabricado en masa que cuesta cinco o diez dólares”, explica.
Aun así, asegura que muchas personas comienzan a valorar cada vez más los productos naturales, sostenibles y elaborados de forma tradicional.
Sabiduría ancestral y salud
Además de artesana, Matilde también se ha formado como dula, acompañando a mujeres durante el embarazo, parto y postparto. En su trabajo combina prácticas del sistema de salud moderno con conocimientos tradicionales sobre plantas medicinales, transmitidos por generaciones en su cultura indígena.
Según explica, muchas plantas comunes —como la milenrama, el diente de león o la menta— pueden utilizarse para aliviar ciertos malestares y fortalecer el bienestar. Para Matilde, el conocimiento ancestral no está en conflicto con la medicina moderna. “Las dos pueden convivir y ayudarse”, asegura.
Cultura que cruza fronteras
La historia de Matilde refleja la experiencia de muchos migrantes que buscan construir una vida en Estados Unidos sin perder su identidad cultural.
A través de su trabajo como artesana, dula y líder comunitaria, ha logrado mantener vivas las tradiciones de su pueblo mientras comparte su cultura con nuevas generaciones y con la comunidad de Wisconsin.
En espacios como el Festival Internacional de Madison, historias como la suya recuerdan que la diversidad cultural no solo se celebra, sino que también se construye y se protege día a día.
NOTE: REDACCION